LOS OJOS DEL POETA
ÁNGEL HERNÁNDEZ “ANGITO”
LOS OJOS DEL POETA SON LOS OJOS DEL PUEBLO
(En el marco de los 89 años de su nacimiento)
Por: Alfredo Bello Presidente de Funda patrimonio Sucre
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Nació el 2 de Octubre de 1922, hijo de Vicente Hernández Figueroa y Carmen Narcisa Hernández, hombre humilde y sencillo, apasionado a la lectura, el cual se inició en la composición lírica desde muy temprana edad.
Ángel Hernández, “Angito” construyó un mito alrededor de su vida con solo lanzar sus composiciones al aire, como siguiendo las palabras del Maestro Prieto, “Sí tienes una idea, ponla en el viento” y así logró desparramar por doquier sus retoños convertidos en poesía, ¿y la musa?, Bueno, cualquier motivo, desde la mirada o el recuerdo de un amor, hasta la perdida de un amigo, a la miseria, la pobreza, la tristeza y alegría, al entorno, en fin, no es otra cosa que poetizar la vida; lo que Gastón Bachelard nos transmite en su poética del espacio, ese conjunto de fuerza y elementos que caracterizamos como nuestro espacio vivencial.
Ángel Hernández. Foto: Sebastián Garrido |
Carlos Isava en su excelente prólogo del libro de Ángel Hernández Desde la Otra Banda nos dice “Con su mirada llena de sinceridad y la sonrisa en la búsqueda de lo desconocido, Angito construyó sobre las hojas del tiempo el quehacer arayero. Su humildad lo llevó a decir que simplemente era autodidacta, que aprendió sus primeras letras con un poco de dedicación que a el dio su mamá. Un autodidacta que era visitado constantemente por profesores universitarios y alumnos del liceo de Araya…los turistas lo visitaban en búsqueda de historia, deleitándose en las conversaciones con este viejo sabio que vivió hasta hace poco en una “casucha”, su humilde vivienda, testigo fiel de su honestidad. Puesta a prueba durante la dictadura Perezjimenísta. Un demócrata como Ángel prefirió vivir en la pobreza pero decentemente, sin que nadie le pudiera estorbar sus sueños y hacerle bajar su frente marcada por los vientos salineros”
La Araya de Angito es ese universo de los cujíes, las tunas y cardones en lomas que se adaptan a las circunstancias, a las conjeturas del viento, al zumbido del polvo seco, horizonte de soledad y mediodía, anchura de las salinas y orillar de manglares, encierro y lejanías, surcos secos y fosilizados del agua de otrora, trinar de paraulatas, rastros de conejo montés, pillotes de tierra y sal, rocas arrastradas por corrientes de agua imaginarias, sol a la medida, cielo pintado de estrellas, ruinas de un castillo colonial, horizonte de la laguna Madre, gente perseverante.
Con todo eso, desde La Otra Banda en Araya, Ángel Hernández irradió sus sentimientos transmutados en hermosa poesía sustentada por un abundante y rico recurso lingüístico; sus miradas y gestos nos dibujaron una ventana por la que miramos e interpretamos su calidad humana. Poeta indoblegable, baluarte de dimensión infinita, amasador de adioses, soledades, historia, sequía, amor y sol.
La obra de Ángel Hernández es como esa brisa suave y fresca que viene del cerro y las salinas, para acariciar la tierra y la vida. La poesía de Ángel da el gusto y la sazón en esta tierra que esparce la sal y la multiplica a otras tierras distantes. .
Entender a Ángito es desmenuzarlo en el testimonio de los poetas del pueblo, por que él ha sido multiplicado en la memoria colectiva e individual. En el sentir de Llave, julito, Capay, José Luis “Chogui”, Edgardo Lunar, Armando Martínez, Aníbal Núñez, Yoslay y el Centro Cultural “Ángel Hernández”, Juan García, Isava, en Isabel, Marta Compañera, en tantos poetas de aquí, en Tirabukey, en su familia, en los niños, en otras palabras, hay una siembra silente en el recuerdo persistente de la vida transitada. Hay un decir en Araya que el famoso saco de poemas que Ángel guardaba celosamente con el tiempo se convirtió en un mágico tesoro de letras bordadas en hilos de oro.
Ángel Hernández y Marta su compañera Foto: María Valladares |
Ángel fue siempre una voz de protesta permanente, para ello podemos catalogarle como una autentica poesía de resistencia, junto a Salmerón, sus composiciones se convirtieron en bastión para combatir la indolencia, el abuso y la desesperanza.
Los ojos del poeta son los ojos del pueblo, porque han heredado un don especial para la sensibilidad, es el sentido supra común que va permitiéndole convertir en letras la vivencias trascendentales. Incluso logra poetizar y hermosear los espacios vividos por más sufribles que parezcan:
¿Esa choza que vez como una gruta
Desmoronada por la brisa inquieta?
Me ofrece de su techo que se agrieta
Una sombra solaz que me tributa
Mi pobre vida nadie la refuta
Aunque me viera cual anacoreta,
Viviendo en donde yo me hice poeta
Mirando el cielo que la noche enluta
Esa Choza que vez
(Fragmento)
De la otra banda a la carretera transitan las luces deslumbrantes de las letras para el amor, del dolor y la desesperanza, del devenir y la promesa, ese es;
Ángel el de la sal
Ángel el de Marta
Ángel el del galerón
Ángel el del pescado fresco
Ángel el del poema con destino
Ángel para despedir al amigo
Ángel el del soneto, la diversión, el verso y la decima
Ángel el de la casucha
Ángel el amigo
Ángel el de la herrumbre y el salitre
Ángel el del saco de poemas
Ángel el maestro
Ángel el loco
Ángel el del los vientos y el polvo
Ángel el de las ruinas del castillo
Ángel el de la playa
Ángel el de la historia y el folklore
Ángel el visionario
Ángel el de las últimas lágrimas
Ángel el de Araya
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José ángel delgado Rivero -